Experiências Missionárias: Papá Noel en Perú
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Por Jonathan Plowman
Originalmente publicado en la Liahona, Diciembre de 2001
Desde el otro lado del cuarto podía ver a la presidencia de la Pimaria del Barrio Bolívar que trataba algo con bastante atención y de vez en cuando nos miraban al élder Megran y a mí. Al poco rato, la hermana Rojas, la presidenta de la Primaria, se me acercó. Creí que quizás un niño que no era miembro había asistido a la Primaria y la presidencia tenía una referencia para nosotros.
"Élder, nos preguntábamos si usted podría ser el Papá Noel del programa de Navidad de la Primaria de la estaca", dijo.
"Claro", respondí antes de poder comprender plenamente lo que me estaba pidiendo. No imaginaba que me fuera a hacer semejante petición.
A los pocos días yo llevaba puesto un traje rojo con sombrero, botas negras, una barba postiza y una mochila llena de ropa y que llevaba colgado a la altura de la barriga para que papá Noel aparentase un poco de peso. Después de la actuación de algunos de lo barrios, se levantó el telón para mostrar a todos los niños de la Primaria del Barrio Bolívar.
Un coro formado por ángeles vestidos con túnicas blancas y halos, los Magos de Oriente, las pastores con sus ovejas, y, por supuesto, María y José, interpretaba "Cantan santos ángeles" (Himnos, No. 126). Cada niño tenía que tomar aire por lo menos tres veces para cantar cada "gloria" del estribillo, mientras que el niño Jesús, recostado en un pesebre, era el centro de todo ello.
Entonces, con un pequeño empujoncito de la hermana Rojas, tomé las riendas y salí con mis dos pequeños "renos" al escenario. El púlico me aclamó y me aplaudió, pero lo que no pudieron ver una vez cerrado el telón, fue a 25 niños subiéndose encima de mí y dándome gracias por ser parte de su Navidad.
Al oír los niños cantar alabanzas al niño Jesús, pensé en lo maravilloso de la escena de hace casi 2000 años cuando el Cristo resuscitado reunió a los niños, los tomó uno por uno y "los bendijo, y rogó al Padre por ellos". Y cuando hubo hecho esto, lloró... Y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego... y los ángeles les ministraron" (3 Nefi 17:21-24).
Estos pequeños me ayudaron a entender con una mayor comprensión por qué el Señor lloró cuando estuvo con aquellos niños. Ellos me mostraron a lo que se refirió el rey Benjamín cuando dijo que debemos ser sumisos, mansos, humildes, pacientes, llenos de amor y dispuestos a someternos tal como un niño (véase Mosíah 3:19).
Es el Salvador el que hace de la fiesta de los niños un día santo. Él es la razón de la Navidad; de hecho, Él es la razon de todo lo que tenemos. Él está a nuestro alcance durante todo el año, ofreciéndonos Sus dones de fe, de amor, y de esperanza en la Resurrección y la vida eterna.
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